El pánico silencioso de quienes aceptan oficiar una boda es más común de lo que pensamos.
Cada vez más parejas piden a alguien cercano que oficie su boda.
Y casi siempre se acepta desde el cariño, sin pensarlo demasiado.
Pero después aparece algo que casi nadie dice en voz alta: el miedo.
Miedo a no saber qué decir.
Pánico a no estar a la altura.
Miedo a quedarse en blanco.
Pánico a estropear un momento muy importante para alguien a quién quieres.
Lo he visto muchas veces.
Personas seguras en su vida, tranquilas al hablar en público, que de repente dudan. No por falta de capacidad, sino por la responsabilidad que sienten.
Porque oficiar una boda no es » decir unas palabras».
Es sostener un momento delante de muchas personas y cuidar algo que no es tuyo.
Ese vértigo es normal. Y en cierto modo, necesario. Significa que entiendes la importancia del lugar que ocupas.
Oficiar la boda de alguien cercano es un gesto muy bonito. Pero también es delicado.
Y merece respeto, calma y preparación.
Estoy preparando una sesión en vivo, para ti, que estás en esta situación.
Sígueme en mi IG: @emmasaezceremonias y no te pierdas las próximas actualizaciones.
Con cariño, Emma, Oficiante de Bodas.
